07 de julio de 2025

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Una siniestralidad alta en la correduría de seguros no aparece de la noche a la mañana. Se acumula, avanza de forma silenciosa y, cuando el ratio empieza a ser visible en los informes, el margen de maniobra ya es más estrecho. Este artículo está pensado para directores técnicos que gestionan carteras con ratios preocupantes y necesitan ir más allá del diagnóstico. Aquí encontrarás las causas más habituales, las señales que permiten anticiparse y las acciones concretas que marcan la diferencia entre recuperar el control o perder rentabilidad y relaciones con aseguradoras.

Por qué la siniestralidad alta correduría seguros es un problema estratégico, no solo técnico

Cuando el ratio de siniestralidad de una cartera supera los umbrales aceptables para la aseguradora, las consecuencias van mucho más allá de una prima más cara en la siguiente renovación. Se tensionan las condiciones de acceso al mercado, se deteriora la relación con la compañía y, en los casos más graves, se pierde la posibilidad de colocar determinados riesgos en condiciones competitivas.

Para una correduría, esto tiene un impacto directo en su propuesta de valor. Si no puede garantizar a sus clientes acceso a coberturas razonables, su posición frente a la competencia se debilita. Y si los clientes perciben que los siniestros no se resuelven bien o en los plazos esperados, la tasa de abandono aumenta.

Por eso, la siniestralidad alta no es un problema del departamento de siniestros: es un problema de negocio que requiere la atención de la dirección técnica y, en muchos casos, de la propia dirección general. Abordarlo solo desde la gestión operativa de expedientes es insuficiente.

Una cartera con siniestralidad descontrolada también dificulta la labor de análisis y prospección de nuevos riesgos. El tiempo que el equipo dedica a gestionar expedientes complejos o recurrentes es tiempo que no dedica a crecer. El coste de oportunidad es real, aunque no siempre se contabilice.

Causas más frecuentes de la siniestralidad alta en una cartera de correduría

Identificar las causas de la siniestralidad seguros es el primer paso para actuar con criterio. No todas las carteras sufren el mismo problema, y mezclar causas distintas con soluciones genéricas no funciona. Estas son las más habituales que encontramos al analizar carteras con ratios elevados.

Selección de riesgos deficiente. Ocurre cuando el proceso de suscripción no filtra adecuadamente el perfil del asegurado. Sucede especialmente en carteras que han crecido rápido, en ramos donde el precio ha sido el único criterio de venta o cuando se han asumido riesgos rechazados previamente por otras compañías sin analizar el motivo.

Concentración sectorial o geográfica. Una cartera muy concentrada en un sector de actividad o en una zona específica es más vulnerable a eventos que afecten a ese segmento. Una correduría con alta exposición en flotas de transporte, por ejemplo, asume una correlación de riesgos que puede disparar la siniestralidad ante cambios normativos, repuntes del fraude o episodios climáticos localizados.

Gestión reactiva de los expedientes. Cuando los siniestros se gestionan sin protocolos claros, sin seguimiento sistemático y sin coordinación con la aseguradora, los expedientes se alargan, los importes de liquidación crecen y la experiencia del cliente se deteriora. La lentitud en la tramitación no solo eleva el coste del siniestro: también genera reclamaciones adicionales.

Fraude no detectado. Según datos del sector, el fraude en seguros puede representar entre el 10 % y el 15 % de la siniestralidad total en determinados ramos. En carteras sin herramientas ni criterios específicos de detección, esta cifra puede ser superior. No se trata solo de fraude organizado: también son relevantes los sobrecostes derivados de la sobrevaloración de daños o la acumulación de pequeños expedientes inflados.

Señales de alerta que no deberías ignorar en tu cartera siniestralidad

Antes de que el ratio de siniestralidad de una cartera llegue a niveles críticos, hay señales previas que conviene conocer. El problema es que muchas corredurías no tienen los procesos ni las herramientas para detectarlas a tiempo. La información existe, pero no siempre está organizada de forma que permita actuar de forma preventiva.

Incremento del número de expedientes abiertos simultáneamente. Si en un período concreto el volumen de siniestros activos crece de forma inusual sin que haya un aumento equivalente en la cartera, es una señal clara. Puede indicar un problema puntual, pero también el inicio de una tendencia que conviene analizar antes de que se consolide.

Concentración de siniestros en un grupo reducido de tomadores. En ocasiones, el 20 % de los clientes genera el 80 % de la siniestralidad. Identificar ese grupo, entender su perfil y evaluar si las condiciones actuales de la póliza siguen siendo adecuadas es una decisión que muchas corredurías posponen por la incomodidad que implica.

Aumento del importe medio por expediente. Si el número de siniestros se mantiene estable pero el coste medio por expediente crece, puede indicar problemas en la tasación de daños, en la negociación con proveedores o en la detección de situaciones que podrían haberse cerrado antes. Es un indicador que conviene monitorizar mes a mes.

Presión creciente de la aseguradora sobre condiciones de renovación. Cuando una compañía empieza a solicitar información adicional, a endurecer las franquicias o a plantear exclusiones que antes no existían, está trasladando una señal de preocupación. Esperar a la renovación para reaccionar suele ser demasiado tarde.

Cómo actuar ante una siniestralidad alta correduría seguros: medidas concretas

Una vez identificado el problema, la respuesta debe ser estructurada. La improvisación eleva los costes y genera fricciones innecesarias con clientes y aseguradoras. El control siniestralidad correduría requiere actuar en varios niveles de forma simultánea, no de forma secuencial.

Auditoría de cartera por segmento. Antes de tomar decisiones sobre renovaciones, condiciones o clientes concretos, conviene tener una visión clara de dónde se concentra el problema. Segmentar la cartera por ramo, sector de actividad y perfil de tomador permite priorizar las acciones y evitar medidas generalizadas que penalicen a clientes sin siniestralidad.

Implantación de protocolos de gestión de siniestros. Tener un protocolo no significa burocracia: significa definir quién hace qué, en qué plazo y con qué criterios. Incluye la asignación de cada expediente a un responsable, los hitos de seguimiento, los criterios de derivación a peritos y los umbrales a partir de los cuales se activa una supervisión especial.

Revisión del proceso de suscripción. Si la siniestralidad tiene su origen en una selección de riesgos deficiente, la solución no está solo en la gestión de los siniestros ya abiertos. Hay que revisar los criterios de aceptación, la documentación que se solicita antes de emitir y los ramos o segmentos donde la sinistralidad es estructuralmente elevada.

Externalización de la gestión de expedientes complejos. En carteras con volumen o con siniestros de alta complejidad técnica, la externalización a un operador especializado como AGAR permite reducir el coste por expediente, mejorar los tiempos de resolución y liberar al equipo interno para tareas de mayor valor. No es una solución de emergencia: es una decisión estratégica que cada vez más corredurías están tomando de forma proactiva.

Un caso real: correduría industrial con siniestralidad en flotas por encima del 85 %

Una correduría mediana con cartera concentrada en empresas de transporte y logística detectó, a mediados de año, que el ratio de siniestralidad de su cartera de flotas había superado el 85 %. La aseguradora principal había comunicado informalmente que las condiciones de renovación serían significativamente peores si el dato no mejoraba antes del cierre del ejercicio.

El análisis inicial reveló dos problemas distintos. Por un lado, un grupo de cinco tomadores concentraba el 60 % de la siniestralidad total. Por otro, el tiempo medio de cierre de expedientes era de 47 días, muy por encima de la media del sector, lo que estaba inflando el coste de los siniestros abiertos y generando insatisfacción en los clientes.

La correduría tomó tres decisiones: revisó las condiciones de esos cinco tomadores antes de la renovación, incorporó un protocolo de seguimiento semanal para expedientes abiertos más de 30 días y externalizó la gestión de los siniestros de mayor cuantía. En ocho meses, el tiempo medio de cierre bajó a 28 días y el ratio se situó por debajo del 70 %. No fue un cambio radical: fue una intervención estructurada en los puntos correctos.

Este tipo de situaciones es más habitual de lo que parece. La mayoría de las corredurías con siniestralidad alta no tienen un problema de escasez de información, sino de organización de esa información y de capacidad para actuar sobre ella con rapidez.

Preguntas frecuentes sobre siniestralidad alta en corredurías de seguros

¿Cuál es el ratio de siniestralidad aceptable para una correduría de seguros? No existe un umbral universal, ya que depende del ramo y de las condiciones pactadas con la aseguradora. De forma general, un ratio por encima del 70-75 % en ramos de no vida empieza a generar tensión en las condiciones de renovación, aunque en ramos como flotas o responsabilidad civil el umbral puede ser diferente.

¿Qué diferencia hay entre siniestralidad técnica y siniestralidad de gestión? La siniestralidad técnica mide la relación entre los siniestros pagados y las primas cobradas. La siniestralidad de gestión incorpora también los costes operativos de tramitación. Para una correduría, ambas son relevantes: la primera afecta a la relación con la aseguradora y la segunda a la rentabilidad del negocio.

¿Cuándo es recomendable externalizar la gestión de siniestros en una correduría? Cuando el volumen o la complejidad de los expedientes supera la capacidad operativa del equipo interno, cuando el tiempo medio de resolución se alarga de forma sostenida o cuando la siniestralidad de una cartera requiere una intervención especializada que el equipo propio no puede asumir sin dejar de atender el resto de la operativa.

¿Puede una correduría mejorar su ratio de siniestralidad sin perder clientes? Sí, pero requiere actuar con datos y con criterio. La mayoría de las acciones que mejoran la siniestralidad, como mejorar la gestión de expedientes, revisar coberturas o implantar protocolos de seguimiento, no implican cancelar pólizas. El impacto en la cartera puede ser mínimo si la intervención está bien diseñada.

Conclusión

La siniestralidad alta en una correduría de seguros es un problema que se puede abordar, pero que requiere análisis, estructura y capacidad de ejecución. No basta con identificar el ratio: hay que entender de dónde viene, actuar en los puntos correctos y hacerlo antes de que las condiciones de mercado se deterioren. Las corredurías que gestionan bien su cartera siniestralidad no son las que tienen menos siniestros, sino las que tienen los procesos adecuados para detectarlos, gestionarlos y aprender de ellos. En AGAR llevamos más de quince años ayudando a corredurías a hacer exactamente eso.

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