22 de julio de 2026

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Cuando ocurre un siniestro de cierta cuantía, la primera valoración que recibe el asegurado la elabora el perito designado por la compañía. Ese informe determina el importe que se va a indemnizar. Lo que no siempre se sabe es que esa cifra puede cuestionarse, y que existe un mecanismo legal para hacerlo: la peritación independiente. Este artículo explica en qué consiste, cuándo tiene sentido activarla, cómo funciona el proceso y qué errores conviene evitar antes de firmar la conformidad con una valoración.

Qué es la peritación independiente y en qué se diferencia del perito de compañía

Cuando se declara un siniestro, la aseguradora designa un perito para evaluar el daño. Su función es técnicamente objetiva, pero su encargo lo realiza la compañía: ella le comunica el siniestro, le facilita la documentación y, en última instancia, recibe el informe. Eso no implica mala fe, pero sí crea un contexto que el asegurado debería conocer antes de aceptar la valoración como definitiva.

La peritación independiente, también llamada contrapericia, consiste en encargar a un perito ajeno a la aseguradora la evaluación del mismo daño. Este profesional trabaja para el asegurado o para quien le ha contratado, sin relación con la compañía. Su informe puede coincidir con el de la aseguradora, pero también puede diferir en aspectos técnicos, en la metodología de cálculo o en la inclusión de partidas que el primer perito no ha contemplado.

La figura está reconocida en la Ley de Contrato de Seguro. El artículo 38 establece que, cuando exista discrepancia entre los peritos de las partes, ambas pueden solicitar el nombramiento de un tercer perito dirimente, cuya valoración será vinculante. Es decir, el mecanismo no es una estrategia de presión: es un derecho del asegurado con respaldo legal expreso.

Cuándo tiene sentido solicitar una contrapericia en seguros

No todo siniestro justifica el coste y el tiempo de una peritación independiente. En daños menores y de valoración sencilla, el informe de la compañía suele ser suficiente. El análisis cambia cuando la cuantía es relevante, cuando el siniestro afecta a bienes de difícil valoración o cuando el asegurado detecta que la valoración no recoge todos los daños.

Hay señales concretas que deberían activar la alerta. La más clara es una diferencia significativa entre lo que el asegurado estima como daño real y lo que recoge el informe pericial. Otras señales: partidas excluidas sin justificación técnica aparente, aplicación de depreciaciones que el asegurado considera excesivas, o siniestros en los que el daño consecuencial (paralización de actividad, lucro cesante) no aparece reflejado o se ha cuantificado de forma muy restrictiva.

Las empresas con siniestros recurrentes o de cuantía media-alta son las que más se benefician de contar con criterio técnico propio antes de aceptar cualquier valoración. No porque la aseguradora actúe de mala fe, sino porque la valoración técnica de daños complejos admite interpretaciones, y tener un experto en el propio lado permite defender una posición fundada.

Cómo funciona el proceso: de la discrepancia al perito dirimente

El proceso habitual tiene tres fases. En la primera, la aseguradora comunica al asegurado la valoración elaborada por su perito. Si el asegurado no está conforme, puede presentar su propio informe pericial, elaborado por un perito de su elección. Esta es la fase de contrapericia propiamente dicha.

Si los dos informes coinciden, el proceso termina: se indemniza por la cifra acordada. Si difieren, las partes deben intentar un acuerdo. Si no lo logran, cualquiera de las dos puede solicitar el nombramiento de un tercer perito, el llamado perito dirimente. Este profesional actúa de forma independiente de ambas partes y su valoración, salvo error manifiesto o causa judicial, es vinculante.

El plazo para designar peritos y para que el dirimente emita su informe está regulado en la ley, aunque en la práctica los plazos se alargan. Por eso conviene activar el proceso con documentación técnica sólida desde el principio: un informe pericial bien fundamentado reduce la posibilidad de tener que llegar al dirimente, que añade tiempo y coste a ambas partes.

Un aspecto que se pasa por alto con frecuencia: la elección del perito independiente importa. No todos tienen la misma especialización técnica ni la misma experiencia en el tipo de daño que se va a valorar. Un perito generalista puede ser suficiente para un daño de continente; un siniestro industrial con daño a maquinaria o con paralización de producción requiere un perfil específico.

Esquema de las cuatro fases del proceso de peritación independiente en seguros
El proceso de peritación independiente en seguros sigue cuatro fases reguladas por la Ley de Contrato de Seguro.

Un ejemplo ilustrativo: siniestro de daños materiales en una empresa industrial

Veamos un ejemplo ilustrativo. Supongamos una empresa del sector industrial que sufre un incendio parcial en su planta. El perito de la aseguradora valora los daños en estructura, maquinaria y existencias. Las cifras son inventadas para el ejemplo: el informe cifra el daño en 180.000 euros. Sin embargo, la empresa considera que el daño a una línea de producción específica no ha sido correctamente evaluado, y que el perito no ha incluido el coste de la paralización parcial de la actividad durante las semanas de reparación.

La empresa encarga una peritación independiente. El nuevo informe identifica una valoración diferente de la maquinaria afectada, aplica un criterio de reposición distinto al de depreciación usado por el primer perito, e incluye una estimación del lucro cesante. La diferencia entre ambos informes es sustancial, en este ejemplo hipotético de 60.000 euros adicionales.

Las partes no llegan a un acuerdo negociado, por lo que se designa un perito dirimente. Su valoración queda en un punto intermedio, pero significativamente por encima de la cifra inicial. El proceso añade tiempo, pero la empresa recupera una parte del daño que, de haber aceptado la primera valoración, habría asumido directamente. Este ejemplo es ficticio y las cifras son ilustrativas: el resultado concreto depende siempre de la documentación técnica disponible y de las circunstancias de cada siniestro.

Errores frecuentes al gestionar una discrepancia en la valoración de un siniestro

El primero y más común es aceptar la valoración por defecto, sin revisarla con criterio técnico. En siniestros de baja cuantía puede ser razonable; en siniestros que afectan a activos relevantes o a la continuidad del negocio, no revisar la valoración puede suponer asumir un coste que la póliza estaba diseñada para cubrir.

El segundo error es actuar tarde. La Ley de Contrato de Seguro establece plazos para manifestar la disconformidad y para designar perito. Dejar pasar el tiempo o firmar la conformidad sin haber revisado el informe cierra la puerta a cualquier reclamación posterior. Es un aspecto en el que muchas empresas no reparan hasta que ya no hay margen de actuación.

El tercero es confundir la contrapericia con un litigio. No lo es. Es un mecanismo técnico previsto para resolver discrepancias de forma ordenada, sin necesidad de acudir a los tribunales. La vía judicial existe, pero es más larga, más costosa y solo debería considerarse cuando el proceso pericial no resuelve la discrepancia o cuando hay un motivo legal adicional más allá del importe de la valoración.

El cuarto error, especialmente en corredurías que gestionan siniestros de sus clientes, es no contar con peritos de referencia para los ramos más habituales. Tener acceso rápido a un profesional especializado marca la diferencia entre reaccionar a tiempo o llegar tarde al proceso.

Cuatro errores frecuentes al gestionar una discrepancia en la peritación independiente de un siniestro
Conocer los errores más habituales en la gestión de una discrepancia de valoración ayuda a corredurías y empresas a actuar a tiempo.

El papel de la gestión técnica en la valoración de siniestros

La peritación independiente es una herramienta reactiva: se activa cuando ya existe una valoración con la que no se está de acuerdo. Pero el rigor en la valoración técnica puede aplicarse también de forma proactiva, antes de que llegue el informe de la compañía, revisando la documentación del siniestro, identificando las partidas que deben estar incluidas y preparando la posición técnica del asegurado.

Ese enfoque es especialmente relevante para empresas con siniestralidad recurrente o para corredurías que gestionan carteras con siniestros de cuantía media-alta. Tener un criterio técnico propio no solo mejora el resultado en los siniestros concretos donde se aplica: también genera un historial de gestión que refuerza la posición negociadora con las aseguradoras.

Puedes conocer más sobre cómo funciona este modelo en nuestra página de gestión delegada de siniestros para aseguradoras, donde se explica cómo AGAR integra el rigor técnico en cada fase del expediente, desde la apertura hasta el cierre.

Conclusión

La peritación independiente en seguros no es un recurso agresivo ni una señal de conflicto: es una herramienta técnica con respaldo legal que cualquier asegurado puede utilizar cuando considera que una valoración no refleja el daño real. Conocer cómo funciona, cuándo activarla y qué errores evitar marca la diferencia entre aceptar una cifra por defecto y defender una posición fundada. En siniestros de cuantía media-alta, ese conocimiento técnico tiene un impacto directo sobre el coste real del siniestro.

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